Berlín

Primer día en Berlín

Este viaje lo hicimos (mi mami viajera y yo) en diciembre de 2013. La idea era viajar a una capital europea en una fecha cercana a Navidad, para ver ya el ambiente navideño y puesto que Berlín se nos puso a tiro y yo le tenía muchas ganas, no dudé ni un segundo a la hora de comprar los billetes y preparar destino a esta maravillosa ciudad.

Los billetes los compre con Easyjet y tenían salida desde Barcelona, puesto que desde Valencia (mi ciudad), no había ninguno con un precio interesante. Así que nos tocaba ir en coche, hasta el aeropuerto del Prat.

Nos íbamos para el puente de diciembre, así que cuando llegó el gran día, pusimos rumbo hacia El Prat y en unas 3:30 horas, ya estábamos allí, esperando a que saliera nuestro avión.

El avión salía con Easyjet a las 10:55 y llegaba a Berlín a las 13:45 hora local.  Una vez llegamos al Aeropuerto de Berlín-Schönefeld, cogimos el Airport Express de Spandau, hasta Hauptbahnof, que es la estación central de trenes de Berlín.

La forma más rápida de llegar hasta el centro de Berlín, es utilizando el Airport Express. Los trenes tienen una frecuencia de 30 minutos y, en apenas media hora, realizan el trayecto entre Schönefeld y la estación de trenes Hauptbahnhof. El tren realiza paradas en varias estaciones a lo largo de su recorrido: Spandau, Zoologischer Garten, c, Friedrichstrasse, Alexanderplatz, Ostbahnhof y Karlhorst.

El aeropuerto se encuentra situado en la “zona C” de la ciudad, por lo que podéis comprar un ticket sencillo, que cubra las zonas A-B-C o, si pensáis comprar un abono de transporte de uno o varios días para las zonas A-B, podéis utilizarlo comprando también un ticket de extensión para la zona C, por 1,40€.

Una vez allí, salimos a la calle y hacía un frío de muerte. Lo bueno es que aún era de día, aunque no por mucho tiempo. Desde ahí, cogimos un autobús que nos dejó en frentre de la parada de metro de Turmstrasse y de ahí al apartamento ya fuimos andando porque estaba sólo a unos 10 minutos.

El problema fue que al llegar al apartamento no había nadie esperándonos, así que llame al teléfono que aparecía en la reserva y un señor muy amable me dijo que su compañero iba ya hacía allí. Después de 45 minutos, le volví a llamar al ver que su compañero no llegaba y me dijo que estaba comprando unas cosas y que enseguida iba. Yo en ese momento me entraron ganas de cagarme en todos sus antepasados pero como me dijo 10 minutos, decidí esperarme sin montar ninguna escena.

No sé, ni porque decidí eso, porque al rato apareció el compañero y era tan estúpido que entonces decidí, que era el momento de montar la escena.

La cuestión es que el tío era un gilipollas, que ni se disculpó al llegar tarde y encima venía subidito de no sé qué y empezó a decirme que le hablara mejor, que no me entendía. Ya sé que mi inglés no es de Oxford, pero supongo que si en todos los sitios me entienden, será porque el sordo era él, pero bueno…. Cuando ya me harté, fue al ver la mierda de apartamento que nos había dado y que encima el tío me dijera que no  dejara las maletas el último día, que hiciera turismo por Berlín con las maletas y lo que más me fastidiaba, era la ironía que utilizaba al hablar. Pues nada, cogí y llamé al otro con el que había estado hablando por teléfono, me cagué en su estampa, en la de su compañero y por supuesto de dije que ya me encargaría de ponerle malos comentarios por la web y por todos los sitios del mundo mundial.

Al final me permitieron dejar las maletas en el apartamento, pero ahí yo ya estaba encabronada, así que tuve que ir a beberme un cerveza para pasar el mal trago.

Por cierto, irónicamente se llaman EXCELLENT APARTMENTS, ¡os lo digo para que no vayáis nunca!

Cogimos el metro en Turmstrasse y nos fuimos hasta Kurfürstendamm y estuvimos callejeando, viendo las tiendas con los escaparates de navidad, las luces (estaba toda la ciudad adornada) y viendo figuritas, en una tienda que está al principio de la avenida, nada más sales del metro.

Ahí, llovía a cantaros y como teníamos un hambre del copón (no habíamos comido), nos fuimos a comernos unas pizzas en una de las calles laterales de Kurfürstendamm. Nos pedimos dos pizzas y dos aguas y nos costaron 15 euros/2 personas.

Kurfürstendam, llamada coloquialmente Ku´Damm, es la calle más popular de Berlín, junto a Unter den Linden. Kurfürstendamm comienza junto a la Iglesia Memorial Kaiser Wilhelm y se extiende más de tres kilómetros hacia el oeste, hasta llegar a la zona residencial de Halensee. Durante los 28 años que Berlín estuvo dividida por el Muro, si Alexanderplatz fue el centro neurálgico del Berlín Comunista, Kurfürstendamm lo fue del Berlín Occidental.

Con la reunificación de Berlín, Kurfürstendamm perdió levemente el estatus como centro de la ciudad y Potsdamer Platz ganó este título.

Recorrimos toda la avenida hasta llegar a Iglesia Memorial Kaiser Wilhelm.

La Iglesia neorrománica Kaiser-Wilhelm-Gedächtniskirche (iglesia en recuerdo del emperador Guillermo) fue construida bajo el mandato del Káiser Guillermo II en honor a su abuelo, el Káiser Guillermo I. La iglesia no fue un edificio de especial importancia, hasta que quedó destrozada por las bombas de los ataques aliados durante la II Guerra Mundial. En 1950 se hicieron planes para su demolición, pero los ciudadanos se negaron y se tomó la decisión de crear un monumento conmemorativo con los restos de la iglesia. Su exterior magullado y ennegrecido pretende recordar la insensatez de la guerra. En el interior, una pequeña exposición muestra algunas fotos de la época en la que la iglesia quedó destrozada por los bombardeos.

Enfrente de la entrada de la iglesia se construyó una moderna capilla (llamada Iglesia Nueva) formada por cristales azules, que reflejan una preciosa luz en su interior. En la parte trasera de la iglesia, se encuentra un edificio octogonal repleto de ventanales azules que se construyó como campanario en 1960. Actualmente alberga una tienda de souvenirs.

La forma de los tres edificios, hace que  sean llamadas de forma coloquial: “la polvera, la muela picada y el pintalabios”.


La verdad es que es curioso verlo desde fuera, ya que los tres edificios hacen un conjunto singular.


Aquí ya estábamos cansadas y hacía mucho frío, así que decidimos irnos al apartamento a cenar y recuperar fuerzas para aprovecharlas al día siguiente. 

Segundo día en Berlín

Hoy era nuestro segundo día en Berlín y el viaje prometía. 

Como es costumbre nuestra, desayunamos en el apartamento y nos fuimos directas al metro, para poner rumbo a Postdamer Platz. 

Potsdamer Platz, una de las plazas más bulliciosas de Berlín en el pasado, quedó arrasada durante la Segunda Guerra Mundial y partida en dos por el Muro de Berlín. Hoy en día, la plaza completamente reformada vuelve a brillar con el esplendor anterior a la guerra. Sólo un edificio de los que formaban parte de la plaza logró sobrevivir a la Segunda Guerra Mundial. Se trata de la Haus Huth (Alte Potsdamer Strasse número 5), una construcción de seis plantas que soportó los bombardeos gracias a su estructura de acero, algo revolucionario para la época.

 

En la plaza también se conservan algunos restos del lujoso Grand Hotel Esplanade, del que sólo pudo salvarse un 10%, tras el paso de la II Guerra Mundial. En la entrada del Sony Center, desde Postdamer Platz, se puede ver parte de la fachada del hotel y algunas habitaciones que representan el modo de vida de la alta clase de Berlín, antes de la guerra.

Aunque aún se conservan algunos restos del muro para su recuerdo, la plaza fue reconstruida recientemente para pasar a formar parte del Berlín moderno.

Después de ver la plaza y de que nos gustará mucho, el hecho de que hubiera un pista de patinaje en ella, nos fuimos andando hacia Topografía del terror.

El paseo es corto, tardamos unos 10 minutos en llegar de un sitio a otro y la verdad es que si os apasiona todo lo relacionado con la Segunda Guerra Mundial, os recomiendo la visita al 200%. Además, la entrada es gratuita y creo que es una visita imprescindible en la ciudad de Berlín.

Detrás de un trozo del muro, que se mantiene prácticamente intacto, se encuentra un solar en el que se sitúa la Topografía del Terror, un lugar con una historia escalofriante. En 1933 el edificio neobarroco que ocupaba ese lugar se convirtió en la sede de la temida GESTAPO, la Policía Secreta del Estado. Los que se oponían al régimen de Hitler acababan allí, donde eran sometidos a interrogatorios y continuas torturas en los sótanos del edificio.

 

Los textos y fotografías de la Topografía del Terror, detallan la sórdida historia del aparato de seguridad de Hitler, entre los años 1933 y 1945. Está en el número 8 de Niederkirchnerstrasse y su horario de visita es todos los días de 10:00 a 20:00 horas.

Después de haber hecho esta visita, nos fuimos hacia uno de los sitios que más ilusión me hacían de mi visita a Berlín (sin tener en cuenta el muro), que no es ni más ni menos que el Checkpoint Charlie.

Checkpoint Charlie fue el punto de paso más conocido de los utilizados durante la Guerra Fría. En él, se podía conseguir el visado diurno para cruzar a Berlín Este desde Berlín Oeste. La denominación “Charlie”, tiene un significado mucho más sencillo de lo que podría parecer, ya que procede de la tercera letra (C) del alfabeto fonético de la OTAN. Después de la construcción del Muro de Berlín, quedaron pocas fronteras a través de las cuáles los ciudadanos pudieran moverse entre las dos alemanias. El alcalde de Berlín Occidental, consiguió que sus ciudadanos pudieran visitar la parte oriental con algunas restricciones y Checkpoint Charlie, era el lugar de acceso.

Se encuentra en Friedrichstrasse y la verdad, es que aunque ahora lo han hecho un poco turistada y te puedes hacer fotos con los soldados que están allí, es interesante y triste a la vez, ver el punto donde muchos alemanes perdieron la vida intentando escapar de un mundo que ellos no habían elegido.

Después de este punto nos fuimos caminando hacía la avenida Unter Den Linden, que es como los campos elíseos parisinos.Cuando nosotras fuimos, estaba un poco desmerecida, ya que había varios tramos en obras y cortados a la circulación, pero aun así, el poder ver a través de la avenida, la puerta de Brandenburgo de lejos, es un espectáculo para los sentidos.

La extensa avenida constituyó una parte importante en la vida cultural berlinesa, hasta la llegada de la II Guerra Mundial; después de 1945, la mayor parte de sus edificios se encontraban en ruinas, atrapados en el sector oriental bajo el dominio de la República Democrática Alemana. Después de la caída del Muro de Berlín, con la llegada de la reunificación, Unter den Linden, recuperó su lugar como una de las calles favoritas de la ciudad.

A lo largo del kilómetro y medio por el que se prolonga el bulevar que va desde la Puerta de Brandenburgo hasta Schlossbrücke (Puente del Castillo), se pueden contemplar gran parte de los edificios más importantes de Berlín, tanto desde el punto de vista turístico como arquitectónico.

Comenzando con la Puerta de Brandenburgo y la amplia Pariser Platz, con su conocido Hotel Adlon, (es el famoso hotel donde Michael Jackson, sacó a uno de sus hijos por la ventana para que sus fans lo vieran). La Puerta de Brandeburgo (Brandenburger Tor), es una de las antiguas puertas de entrada a Berlín, además de uno de los símbolos más importantes de la ciudad. En español, el nombre más correcto es Puerta de Brandeburgo, aunque también se la conoce como Puerta de Brandemburgo o Brandenburgo. Inaugurada en 1791, junto a la Pariser Platz, la Puerta de Brandeburgo, es un símbolo del triunfo de la paz sobre las armas.

Desde ahí, nos fuimos andando hacia el Reistag o lo que es lo mismo, el Parlamento alemán o la casa de la Merkel.

El antiguo edificio del Reichstag es la sede del Parlamento Alemán (Bundestag Alemán). Se trata de un edificio histórico con aspecto de templo clásico, coronado por una gran cúpula moderna por la que se puede transitar. Situado junto a la línea que marca el Muro de Berlín, el Reichstag permaneció casi 29 años separado de la cercana Puerta de Brandenburgo.

La cúpula, rediseñada por el arquitecto Norman Foster para la reconstrucción del edificio, pretende ser un elemento simbólico, con el que queda patente que ese lugar, es el centro de la democracia parlamentaria y, el pueblo, desde la parte superior, puede ver ver que todos los asuntos son llevados con claridad. En el interior de la cúpula, se pueden ver multitud de fotografías antiguas, a través de las cuáles, se describe la historia del Parlamento, mediante sus momentos más importantes. En la parte superior, se puede salir a la calle, aunque las vistas no son demasiado buenas, si las comparamos con las que se obtienen desde la Torre de la Televisión o desde la Catedral de Berlín.

He de decir que después de entrar en el parlamento, decidimos que la mejor opción era poner camino hacía en Monumento al holocausto.

Edificado en las cercanías de la Puerta de Brandeburgo, entre los años 2003 y 2005, el monumento en memoria de los judíos asesinados en Europa pretende enfrentarse a la noción de monumento en sí misma. La traducción literal del nombre alemán es “Monumento memorial a los judíos asesinados en Europa”. Se trata de una cuadrícula formada por 2.711 bloques de hormigón de diferentes alturas, que permite que los visitantes elijan su camino de entrada y salida.

Esto en realidad si que me decepcionó un poco, pues me lo esperaba un poco más extenso y no lo es, pero bueno, me parece increíble que una ciudad y un país, con una historia tan terrible y tan reciente, lo lleven con tanta elegancia y dignidad y le rindan tributo a las víctimas de tal barbarie.

Decidimos volver hacía la avenida Unter Den Linden, para poner rumbo a la nueva guardia y la Berliner Dom. La Nueva Guardia se encuentra justo en esa avenida y fue construida en 1918 para conmemorar la derrota sobre las tropas napoleónicas y celebrar la liberación de Berlín. El impresionante edificio neoclásico, situado en la Avenida Unter den Linden, presenta en su fachada, un pórtico formado por columnas dóricas, que le aportan cierto aire de grandeza.

Hoy en día, es un lugar que pretende homenajear a todas las víctimas del mundo, ya sean de las guerras, del fascismo o cualquier otra injusticia.

A fecha de hoy, está habitado tan sólo por una conmovedora escultura de una mujer que sostiene en sus brazos el cuerpo sin vida de su hijo (Madre con hijo muerto de Käthe Kollwitz).

La escultura, que se encuentra situada bajo una gran abertura en el techo, expuesta a las inclemencias meteorológicas, soportando el frío y la lluvia, representa el sufrimiento del pueblo.

Si sigues andando en esa dirección hacía Alexander Platz, enseguida te encuentras con Bebelplatz, que es conocida debido a los acontecimientos que tuvieron lugar la noche del 10 de mayo de 1933, cuando fue el escenario de una gran hoguera, en la que se quemaron miles de libros de algunos autores censurados por los nazis, como Karl Marx, Heinrich Heine o Sigmund Freud.

En el centro de la plaza se puede ver una losa de cristal que cubre una estantería vacía, un monumento en memoria de la quema de libros de 1933. El tamaño de la estantería, es el que debían ocupar los libros quemados aquella trágica noche.

Dentro de Bebel platz, se encuentra la majestuosa Berliner Dom a orillas del Rio Spree y frente al jardín Lustgarten, entre la Isla de los Museos y el solar antes ocupado por el Palacio Imperial.

Nosotras entramos a la catedral de forma gratuita y es impresionante por dentro. Aquí ya era la hora de comer y la verdad es que agradecimos sentarnos un poco, para resguardarnos del frío, ya que en ese momento ya empezaba a refrescar bastante, pese a ser mediodía.

 

Decidimos para a comer en un restaurante, que servían todo tipo de pescados con su guarnición y nos pedimos una hamburguesa de pescado con gambas y una salsa de yogurt que estaba buenísima.

Después de comer tranquilamente, decidimos ir hacía Alexanderplatz, desde donde se veía la Torre de Televisión.

Aunque cuando uno llega hasta la Torre de la Televisión, desde el centro de Berlín, puede pensar que la plaza donde se encuentra es Alexanderplatz, lo cierto es, que la plaza “original”, se encuentra detrás de la torre. Actualmente todo está considerado lo mismo.

En la plaza ajardinada de la parte oeste de la torre, se pueden destacar tres interesantes monumentos: la Iglesia Marienkirche, construida en 1380, la Fuente de Neptuno y el Ayuntamiento Rojo que, aunque fue utilizado por el gobierno, el nombre proviene del color de su ladrillo.

La Torre de la Televisión de Berlín (Fernsehturm), erigida en 1969, fue durante años el orgullo de la RDA, una torre construida para mostrar la superioridad del comunismo sobre el capitalismo. La torre, con 368 metros de altura, es la estructura más alta de Alemania. Está situada en el centro de Alexanderplatz, la plaza más importante de la República Democrática Alemana (zona soviética). Una curiosidad de la torre, es que el cristal que cubre la parte principal de la estructura, hace que cuando refleja el sol de la mañana, se vea una cruz en el centro de la esfera. Este fenómeno hizo que los occidentales llamaran al símbolo del poder soviético “La Venganza del Papa”, echando por tierra la propaganda comunista.

El restaurante giratorio de la torre, situado unos metros por encima del mirador, ofrece las mejores vistas de la ciudad, acompañadas de algunos platos típicos berlineses. 

Después de dar un vuelta por los alrededores, vimos un centro comercial precioso y lleno de gente, así que nos fuimos a hacer un poco de shopping y comprar algunos objetos para traer de recuerdo. El ambiente estaba muy animado. En la misma plaza, había un mercado con cosas navideñas para decorar la casa, comidas típicas alemanas y de países cercanos, una pista de patinaje, etc. Todo estaba lleno de gente, se notaba que era sábado por la tarde y la verdad es que es una ciudad que ofrece muchos planes a quién la visita y en navidad tiene un encanto especial.

El último punto que nos faltaba para completar nuestro día era el centro Tacheles, así que cogimos el metro en dirección Oranienburger, y sólo pudimos verlo por fuera, ya que está cerrado a la espera de que un hotel ocupe el espacio.

Después de visitar todo esto, decidimos ir a cenar al mismo sitio donde habíamos comido. Nos pedimos un pescado de río muy típico de la zona, del cual no recuerdo el nombre y ya nos fuimos directamente al metro, para irnos al apartamento a dormir.

Tercer y último día en Berlín

Era domingo y nuestro avión salía sobre las 4 de la tarde, así que podíamos aprovechar un poco la mañana, para ver algo de lo que nos quedara y estar en el aeropuerto a tiempo, para volar con destino a casa.

Pues nada, dejamos las maletas en el apartamento porque no íbamos a ir con ellas todo el día. No estaba dispuesta a eso ni de coña y nos fuimos en dirección al metro de Turmstrasse.

Nuestra intención era ver el muro de Berlín y callejear un poco por la zona del muro, volver al apartamento, coger las maletas y comer por la zona del apartamento, para ya irnos camino al aeropuerto y llegar con tiempo. 

Menos mal que no planteamos muchas más cosas para esa mañana, porque nos costó la vida llegar al aeropuerto.

Pues nada, cogimos el metro y nos fuimos hacia la East Side Gallery o lo que es lo mismo, hacía el antiguo Muro de Berlín.

El metro en su línea 1, para relativamente muy cerca de esa zona, la parada del metro es Warschauer Strasse, pero ese día, con el frío que hacía, las distancias se hacían eternas. 

Fuimos callejeando por la zona y parándonos a hacernos fotos junto al rio Spree, hasta que llegamos al puente que pasa sobre el río y que sale en una película de Liam Neesson que se llama “Sin Identidad”. Es donde se cae su taxi por el puente. Lo cruzamos y ahí mismo, estaba el famoso Muro de Berlín. 

He de decir que soy un poco friki con todo lo relacionado con la  2º Guerra Mundial, así que os podéis imaginar que para mí, el hecho de pasar y poder tocar el Muro de Berlin con el significado historico que tiene y lo mal que lo tuvieron que pasar esas familias que estuvieron separadas durante décadas era una sensación impresionante, por eso decidimos recorrer casi todo el  tramo entero a pesar del frió que hacía.

El mayor tramo que se conserva de los restos del Muro de Berlín mide 1,3 kilómetros y es conocido como East Side Gallery, la mayor galería de arte al aire libre del mundo.

 

A lo largo del muro, se pueden ver cientos de graffitis de artistas procedentes de todo el mundo, que trataron de documentar mediante sus obras el cambio producido tras la caída del Muro de Berlín. 

 




Mediante sus obras expresan una gran sensación de euforia y esperanza por un futuro libre y mejor.

Se pueden encontrar obras realmente buenas a lo largo del muro, pero resultan especialmente llamativas las pinturas del líder ruso Leonid Brezhnev besando a Erich Honecker, líder de la República Democrática Alemana, y la imagen de un Trabant (el coche utilizado en la alemania oriental) atravesando el muro.

 

Después de pasear durante un buen rato y cuando mi cabeza ya iba a estallar del frío que hacía y el gorro ya no me hacía nada, decidimos poner rumbo al apartamento a recoger las maletas.

Al salir del apartamento, nos aseguramos que no se nos olvidaba nada que dejarle al impresentable del primer día y paramos a comer en un restaurante, que estaba cerca de la parada de metro de Turmstrasse.

Comimos dos platos de goulash con arroz y salchichas por unos 25 euros con la bebida incluida.

Ahí nos fuimos ya al aeropuerto, con la mala pata de que al llegar a la estación central de trenes de Berlín, el tren hacía el aeropuerto no salía, después de esperar 50 minutos y ver que no había ningún tipo de información, decidimos tomar una ruta “alternativa”, nos llevaría más tiempo, pero nos asegurábamos llegar.

La verdad es que cuando pregunté, no me dijeron que tardaríamos tanto tiempo en llegar. La cuestión es que tuvimos que coger el metro en dirección aeropuerto de Schonefeld. Así que eran 7 paradas de metro hasta Ostkreuz y ahí hicimos transbordo, hasta Berlin-Schonefeld Flughafen, que eran 9 paradas de metro más, para salir de la estación de metro y coger un bus que no recuerdo el número, pero te llevaba también al aeropuerto, eso si, tardando media hora más.

Total, que llegamos al aeropuerto y a la puerta de embarque cuando estaban entrando las últimas 5 personas de la cola. Uff!!! Por los pelos lo perdemos…

Y nada, ahora tocaba viaje de regreso al aeropuerto del Prat y luego 3 horas y media de regreso a casa pero mi madre y yo veníamos encantadas de este ciudad porque la verdad, es que aunque es muy nueva (está casi toda reconstruida por los bombardeos de la guerra), es una ciudad impresionante, que tiene mucho que ofrecer y tiene una vida impresionante. No es tan apagada como otras ciudades europeas. A nosotras personalmente nos encantó Berlín y no nos importaría volver.

Instagram @irenillanonstop

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