Bratislava

Hoy era el día que tocaba salir de República Checa e irnos a Eslovaquia para visitar su pequeña y preciosa capital. La verdad es que planeando este viaje, me costó bastante planificar la visita a esta desconocida capital europea, ya que no es un ciudad de la que se pueda encontrar mucha información y no se suele incluir en los viajes programados por las capitales imperiales (Praga, Viena y Budapest).

Así que tras mucho indagar por red, encontré un poco de información sobre esta ciudad, que me llamaba bastante la atención por lo desconocida que es en Europa y que siempre había planeado visitar una vez viajara a la República Checa.

Como el resto de las excursiones que hicimos durante este viaje, contratamos el autobús en la web de Student Agency que salía a las 7:30 de la mañana de la estación de autobuses de Florenc y nos dejaba en Bratislava, tras una parada por Brno en un plazo de 3 horas aproximadamente.

Nos levantamos prontito para ducharnos y acicalarnos un poco y pusimos rumbo a la estación de Florenc para coger el bus. El bus era viejísimo y no tenía wifi, cosa que nos desilusionó bastante, porque en la web  te venden que todos los buses lo tienen.

Después de 3 horas y de una carretera infernal, llena de baches, en la que hubieron ratos que me llegaron a doler las tetas de los trompicones que pegaba en bus al pasar por encima, llegamos a la estación desangelada de Bratislava. Y digo desangelada, porque no había ni un alma y está apartada del centro de la ciudad.

Compramos un mapa y fuimos derechitos a visitar el centro, ya que a las 18:00, nos tocaba volver de regreso a Praga.

He de decir que aunque parezcan pocas horas, tienes de sobra para visitar la ciudad, ya que lo único que no nos dio tiempo a visitar  fue el castillo que lo dejamos porque hacía un calor infernal. 

Cogimos la calle Prievoszká en dirección a Stare Mesto y en unos 15 minutos bajo un “agradable” sol infernal, estábamos en Stare Mesto, que es el casco histórico de Bratislava.

 

 

Una vez allí, visitamos,  el Grasalkovicov palác, que ha tenido una historia tumultuosa. Este palacio de estilo rococó y dotado de jardín francés fue construido a finales del siglo XVIII como residencia particular de Antal Grassalkovich, un delegado de la corte austro-húngara encargado de las finanzas de la región de Eslovaquia. El jardín francés, es ahora un agradable parque público repleto de estatuas y fuentes.

 

 

Había muy poquita gente por las calles, así que pudimos ver todo con mucha tranquilidad. Desde ahí, nos fuimos bajando por el casco antiguo hacía la Iglesia de la Santísima Trinidad donde por fuera no llama nada la atención, pero por dentro está muy decorada en estilo barroco.

 

 

Si sigues bajando, te encuentras con unos de los sitios más curiosos de Bratislava que es el Puente de San Miguel. Dicen que es una versión en miniatura del Puente Carlos pero personalmente, creo que no se parece en nada, ya que el puente de San Migue,l es tan pequeño que no parece ni un puente. 

Al final del puente, que ahí ya nos apretaba un poco el hambre, te encuentras con la Torre de San Miguel, que es una de las puerta medievales de entrada a la ciudad vieja. Dentro de la torre, está el kilometro cero de Eslovaquia. Es parecido al que podemos encontrar en nuestra castiza Puerta de Sol y desde ahí, fuimos andando por la calle de San Miguel o Michalska, que está llenita de bares y terrazas y en uno que nos gustó entramos a comer.

 

 

Nos pedimos una sopa, una ensalada, dos platos de pollo con patatas y salsa agria y dos postres de limón. Nos costó la comida 15 euros, así que por muy poco dinero, comimos y salimos hinchados que no podíamos ni movernos.

Una vez salimos del restaurante, nos fuimos por la calle Sedlárska, que es la que te lleva directamente a la Plaza Mayor, que es donde se encuentra el Ayuntamiento. Entre el calor y que la ciudad no es muy turística, nos podíamos hacer las fotos tranquilamente y sin que saliera nadie en ellas.

Una vez hechas las fotos, nos fuimos a buscar la estatua del fotógrafo pero dimos ochenta mil vueltas y no la encontramos, pero encontramos otras.

 

 

Como ya era por la tarde, fuimos a visitar lo que nos quedaba de la parte que está más hacía la estación de autobuses y nos encontramos de cara con la Ópera de Bratislava, un edificio elegante cuya plaza está adornada por una magnífica fuente. 

Es una de las zonas más exclusivas de la ciudad, en una calle a modo rambla arbolada y rodeados de hoteles de lujo como el Radisson Blue Carlton o la embajada americana.Esta calle también tiene la estatua del escritor Christian Andersen, escritor danés autor de cuentos como “La sirenita” o “El patito feo”.

Después de ver todas estas cosas, lo único importante que nos quedaba por ver, era el Castillo de Brastislava, pero teniendo en cuenta que estaba en la dirección contraria, estábamos a 42 grados y sedientos, decidimos pasar un último rato en un bar a orillas del Danubio tomando un granizado, bueno, dos cada uno, porque teníamos mucha calor y de ahí ya nos fuimos a la estación para coger nuestro bus de regreso a Praga.

Llegamos a Praga sobre las 21:30, así que nos fuimos directos al hotel y en un supermercado de camino cogimos unos sándwiches para cenar y nos dormimos prontito.

 
 

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