Essaouira

Hoy era el día que supuestamente teníamos que ir a Ourzarzate y habíamos cambiado por Essaouira por el mal tiempo que podíamos tener en el Alto Atlas y como os daréis cuenta después hicimos muy mal cambiando la excursión, aunque eso me sirve de excusa para volver.

Habíamos quedado a las 8 en el Café de Francia para que nos recogieran los de la agencia y en el riad no nos servían el desayuno hasta las 9, así que nos fuimos a desayunar al Café Glacier un zumito de naranja y un croissant para cada uno por 32dh. Desayunamos tranquilamente, viendo como limpiaban la plaza de la noche anterior y viendo como empezaba el día. Aún estaba nublado y pensábamos si el tiempo nos daría una tregua y nos dejaría visitar la ciudad costera tranquilamente. Esperamos a que fuera la hora y fuimos al punto de encuentro para reunirnos con nuestros compis de excursión y con Hassan (el guía o “conductor” de la agencia), que llegó un cuarto de hora tarde.

Nos recogió y pusimos rumbo a Essaouira, no sin antes hacer la primera “parada técnica”, para que el señor puntual llenara el depósito de gasolina. Ahí yo ya me estaba mosqueando porque ya habría podido llenar el depósito antes de llegar 15 minutos tarde. Total, salimos de Marrakech con media hora de retraso y yo ya estaba dispuesta a sacarle esa media hora para venirnos más tarde.

Cuando llevábamos una hora de camino, hicimos la segunda “parada técnica” para vaciar e ir al meódromo y comprarnos unas papitas para picar en los ratos muertos de carretera.

Por el camino vimos una montaña que el guía nos dijo que tenía una frase dedicada a Alá que nos llamó la atención y paramos a hacer unas fotos.

 
 
Mientras íbamos en el coche el paisaje iba cambiando poco a poco y empezaba a tener más vegetación y cuando llevábamos media hora más de camino, empezaron a surgir los árboles que contienen el fruto de donde se saca el aceite de Argán. 
 
El aceite de argán se produce en varias cooperativas de mujeres en la región. La mayoría de las labores son intensivas para la extracción del aceite, como remover la pulpa (que se utiliza como comida para los animales) y machacarlas entre dos piedras como nueces. Posteriormente, se sacan las semillas y si se trata de aceite de uso alimenticio, se tuestan. Esto le da un sabor distintivo al aceite.
Las cabras se suben a los árboles que producen el aceite de Argán cuando escasea la comida para alimentarse. 
 
 
La próxima parada fue en una cooperativa femenina, donde nos explicaron la elaboración del aceite de argán, tanto para uso alimentario, cómo cosmético y luego nos llevaron de tour a la tienda de la cooperativa, donde por supuesto no compramos nada porque era mucho más caro que en los zocos.
 
Después de esta visita “turística-comercial”, ya empezamos a divisar Essaouira desde un mirador. Se ve toda la ciudad desde lo alto de las montañas y se puede diferenciar su reserva natural de aves.
 
Essaouira (pronunciado: esauera), se ha ganado casi mil y un apodos; “La perla del Atlántico”, “La Bella Durmiente”, “hermosamente trazada” de la palabra árabe Souirah, esta ciudad Patrimonio de la Humanidad, mantiene el encanto y la autenticidad de una tierra perdida en el tiempo. Aquí es donde termina el Mediterráneo: la última fortificación amurallada en las orillas atlánticas, cuyas casas parecen clonadas con los “pueblos blancos” de Andalucía.

Essaouira se ha convertido en una escala imprescindible de cualquier viaje a Marruecos.

Al explorador aventurero, le fascinará la amabilidad y carácter hospitalario de los essaouiries, ya que viven desde hace siglos, en una encrucijada de culturas, civilizaciones y religiones. Los fenicios han dejado aquí su huella, y el esplendor de esta ciudad data de su asentamiento, prosiguieron también el asentamiento romano, los cartagineses, los bereberes, los portugueses y los franceses. 

El guía nos dejó cerca de la Plaza Moulay Hassan y de ahí nos fuimos a visitar el Bastión norte de la Skala. La entrada cuesta 10 dh por persona y desde esa zona se tienen unas vista muy bonitas de la fortaleza y de la medina.
 
 
 
Después de ver el bastión, nos fuimos a pasear por el puerto y a ver como los pescadores traían el pescado para vender el los puestos. Todo estaba lleno de barquitas de color azul y de gaviotas, todo tenía un encanto especial.
 
 
De ahí decidimos que callejearíamos por la medina y por el zoco disfrutando de cada rincón de la ciudad.
 
Callejeando nos metimos en un lugar donde estaban los niños jugando con su peonza. Hay que decir que la peonza estaba hecha con un tapón de botella, un palo y un trozo de cuerda para poder soltarla y aunque no tengo fotos era entrañable verlos jugar tan emocionados con sus peonzas, hay que ver con que poco se conforman.
 
Callejeando y callejeando dimos a parar con la avenida que cruza toda la medina de norte a sur y habían montado el mercado y estaban lleno de gente haciendo sus compras.
 
 
Después de las “compras artísticas” empezábamos a tener hambre y nos pusimos a comer en el primer sitio que vimos y sólo puedo decir que fue carísimo para lo que comimos, que la higiene brillaba por su ausencia y del cuarto de baño mejor no hablo. 
 
Después de nuestra experiencia, puedo decir que si no tuve cagaleras ese día no voy a tenerlas en mi vida. De ahí nos fuimos a seguir callejando por las calles de la medina en dirección a la plaza de Moulay Hassan.
 
Y seguimos callejeando……
 
 
 
 
 
Aquí empezamos a deshidratarnos y decidimos ir a tomar algo mientras hacíamos tiempo a que viniera Hassan  a recogernos y nos fuimos a Casa Vera, que es un local de copas y tapas españolas, donde los chicos pudieron beberse una cerveza y nosotras un coctel. Todo mientras veíamos unas vistas preciosas de todo el puerto y la playa de Essaouira.
 
 
 
 
 
 
Esta vez nos recogió Hassan con una puntualidad británica y saliendo vimos a la gente haciendo Kite Surf en la playa.
 
Ahora si que ya no hacian falta las “paradas técnicas” y volvíamos a Marrakech rápidos como una bala…yo prefierí echar una cabezadita.
 
 

Instagram @irenillanonstop

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