La Rioja, qué hacer en un fin de semana.

Cómo todos los años, el 30 de octubre es mi cumpleaños y me gusta celebrarlo con alguna escapada. El año anterior tocó Amsterdam y este año tocaba escapada a La Rioja. 

He de decir que ya hacía tiempo que me apetecía conocer esta zona y por fin he podido conocerla. 

Cómo sabéis el 1 de noviembre siempre es festivo en España, por lo que en mi cumpleaños, siempre tengo un puente disponible para poder viajar. Este año el puente caía fatal, por lo que sólo disponíamos de viernes, sábado y domingo para estar por la zona.

El hotel elegido para alojarnos en La Rioja fue Hotel Hormilla.

Este hotel, está ubicado en una gasolinera, justo al lado de la carretera, por lo que es un hotel fácil para moverte por las carreteras de allí y tener acceso a los pueblos de la zona.

La reserva la hicimos con Booking y nos costó 55€ la noche. Todo un chollo en pleno puente. 

La habitación era nueva, las camas muy cómodas, el baño nuevo y muy limpio y lo mejor es que al estar en una gasolinera, puedes repostar, tiene tienda para comprar lo que necesites y en el bar puedes desayunar perfectamente.

Disponíamos de viernes a partir de mediodia, sábado entero y domingo hasta mediodia para disfrutar de la zona.

Cómo queríamos aprovechar mucho el día, decidimos que el viernes lo dedicaríamos a ver la Bodega del Marqués de Riscal, la bodegas Ysios y el pueblo de Laguardia.

La Bodega del Marqués de Riscal es esa tan famosa por estar hecha por el mismo arquitecto que el del Museo Guggenheim de Bilbao y está en el pueblo de El Ciego.

Para poder visitar la bodega, tienes que hacer la reserva a través de su página web. El precio de la visita son 16€, te incluye un tour por la bodega y una cata de dos vinos. 

Nosotros decidimos verla por fuera y entramos en la tienda a comprar una botella de vino blanco de rueda. La bodega es muy pijolis, tiene una hotelazo de lujo para quedarte a dormir y hacen catas privadas. 

 

Después de la visita a esta bodega nos fuimos a ver el pueblo de Laguardia. Es un pueblo que merece mucho la pena visitar. Pertenece a la Rioja Alavesa y está a 64 km de Vitoria.

El pueblo está en lo alto de una colina y su zona antigua está llena de calles empedradas. Es un pueblo amurallado con calles estrechas.

Nada más aparcar el coche hicimos unas fotos de las vistas desde el pueblo, atravesamos sus murallas y nos fuimos directos a un bar que está al lado para comernos unos pinchos.

Cuando ya acabamos nuestros pinchos y fuimos a pasear por sus calles, nos fuimos directos a la Iglesia de Santa María de los Reyes. Al lado de esta iglesia hay una plaza empedrada que es maravillosa.

El pueblo está lleno de bodegas y conforme vas paseando por sus calles, vas leyendo carteles de bodegas que están en el sótano de las casas.

Si vas callejeando por sus calles, hay dos que van en paralelo a la plaza principal. Esta plaza tiene soportales y es preciosa de ver. 

Dependiendo de porque zona entres de la muralla, será lo primero que veas o lo último.

Diría que de los pueblos de España que he visto, es uno de los más bonitos, junto con Ronda, Peñíscola y Altea.

 

A esta hora, nos quedaban pocas horas de luz y nos fuimos a ver el atardecer a la Bodegas Ysios.

A estas bodegas no entramos, pero nos sirvió para ver un atardecer espectacular donde se veían infinidad de tonalidades naranja y marrones, donde se entrelaza la luz del sol y los viñedos. Ahí fue cuando pudimos sacar un poco el dron y aprovechar para hacer unas fotos y un vídeo.

Estas bodegas están a las afueras del pueblo y están diseñadas por Santiago Calatrava. El edificio en sí, ya vale la pena verlo por fuera, y al atardecer el sitio es espectacular.

De ahí ya nos fuimos a cenar al bar del hotel y a descansar.

Al día siguiente tocaba visita a Logroño. En Logroño estuvo todo el día lloviendo y hacía bastante frío, cosa que complicaba su visita. 

Cómo teníamos la visita de las Bodegas Franco Españolas a las 11:45, aprovechamos para ver un poco de la ciudad antes de irnos a la visita.

Al llegar a primera hora de la mañana, nos fuimos a ver su mercado central. Me encanta visitar los mercados de las ciudades a las que voy. Ahí aprovechamos para hacer unas compras de comida típica de allí para traérnosla a casa.

Una vez salimos del mercado, nos fuimos a visitar la Concatedral de Santa María La Redonda. Está en pleno centro de la ciudad y es un edificio muy bonito, pero no os creáis que tiene forma redonda porque no es así.

De ahí fuimos a ver el Café Moderno, que es uno de los sitios más emblemáticos de la ciudad. Está situado en la calle Francisco Martínez Zaporta. Fue creado en 1916, varias generaciones han estado al frente de este negocio familiar por el que han pasado gran cantidad de artistas. Una curiosidad: tiene su propio himno, “Fibra de pájaro”, de Daniel Bravo, que suena cada viernes y sábado por la noche.

Cómo nos quedaba poco tiempo hasta la visita a la bodega, nos fuimos a pasear por el parque del Espolón, que es la zona verde de la ciudad y que está cerca del centro.

Estando ahí empezó a llover aún más y decidimos que era el momento de irnos a las bodegas.

Teníamos claro que queríamos visitar una bodega, pero con tan poca antelación, me fue imposible reservar una visita en Vivanco, que era la que yo quería visitar, así que reservamos en Franco Españolas y sinceramente, nos sorprendió gratamente la visita.

La entrada nos costó 15€ por persona y te entra un tour por las bodegas y una cata de dos vinos con salchichón y chorizo riojano.

En la visita te explican todo el proceso de elaboración del vino y vas viendo todas las fases y todos los espacios destinados a su almacenaje.

Cuando acabó la visita ya era hora de comer, así que decidimos irnos a la famosa Calle Laurel.

La calle Laurel o la calle conocida como “La senda de los elefantes”, es una calle llena de bares y restaurantes para ir a hacerte unos vinos y unos pinchos. Se ha convertido en la zona con mayor concentración de especialidades gastronómicas y de tapeo de toda La Rioja y vale mucho la pena acercarse a comer por esas calles.

De hecho os recomiendo el bocadillo de calamares del Torres, para nosotros el mejor pincho de todos los que probamos en la calle Laurel.

Después de comer, decidimos ir a ver algunos pueblos de la zona, así que cogimos coche y nos fuimos a ver Ezcaray.

Esta pueblo está en la parte alta del valle del Oja, al suroeste de La Rioja. Es un pueblo con mucho encanto donde puedes ver las casas con entramado de madera, tan características del norte de España.

Este pueblo fue nombrado “Primera villa turística de La Rioja” y no es de extrañar. Su casco antiguo conserva la arquitectura tradicional de la zona, el paisaje es muy bonito y se come de maravilla.

Nosotros estuvimos paseando por sus calles un buen rato, pese al frío que hacía y aprovechamos para entrar en una tienda que está cerca de la plaza principal a comprar una chaqueta que le hacía falta a mi chico para la próxima escapada que teníamos a Estocolmo.

De ahí seguimos callejeando y cuando empezó a anochecer, nos fuimos a tomarnos un café calentito a una cafetería del pueblo.

A esta hora ya estábamos cansados y paramos en un supermercado a comprar algo para la cena y cenar en la habitación del hotel.

Al día siguiente tocaba vuelta a casa, pero nada más salir del hotel, nos fuimos en dirección Haro.

 

Haro es la población más importante de la Rioja Alta y vive, fundamentalmente, de la actividad vitivinícola. Sin embargo, aunque no seas un forofo del vino, este pueblo tiene suficientes atractivos para que figure en esta lista de lugares que visitar en La Rioja. Iglesias (destacando la de Santo Tomás), palacios y un casco antiguo que fue declarado Conjunto Histórico-Artístico en 1975.

Sin embargo, es la Batalla del Vino, la que atrae a mayor número de visitantes cada año. Vente el 29 de junio con tus peores ropas y un pañuelo rojo y disfruta rociando de vino a todo el mundo.

Estuvimos un par de horas andando por esta ciudad y cuando nos íbamos de camino, vimos un sendero que iba a parar a una ruta de montaña por donde pasaba el río Ebro.

Así que paramos el coche en un lugar cercano y estuvimos haciendo fotos por la zona, que por cierto, era preciosa.

 

De ahí ya nos fuimos a Calahorra para para allí a comer y de vuelta a casa.

 

PRESUPUESTO DEL VIAJE

Gasolina: 80€

Hotel: 110€

Entrada a bodega: 30€

Comidas y cenas: 140€

Total: 360€ (2 personas)

 

Instagram @irenillanonstop

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